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viernes, 29 de abril de 2016

El corte



Aterido de frío y con las manos engarrotadas, a pesar de los guantes, miró a través de la ventana quien sabe, por última vez. La llama parecía extinguirse en la chimenea. Así, como ese fuego que se terminaba de un momento a otro, se venía sintiendo él. No iba a negarlo, había intentado muchas veces, revivir eso que se apagaba en su interior y no hubo caso. No tenía alma de incendiario. Más bien todo lo contrario, el frío lo había habitado y de un tiempo a esta parte también el agua. Sus ojos empañados mirando las cosas daban testimonio de eso. Esa noche, después de pasar largas horas espiando la casa de su infancia, se retiró. Había estado antes, mirando también la mesa del patio cubierta de nieve y recordando viejos tiempos. A distancia la miraba, algo de rechazo le produjo la idea de acercarse. Hubiera podido caminar hasta uno se los bancos, tan sólo para buscar una señal que había hecho siendo niño sobre la madera, con una navaja que solía llevar en la mochila, pero prefirió quedarse ahí, atravesando con sus ojos los cuadros de la sala, el desorden sobre la mesa, el libro de música abierto sobre el piano, la disposición de los sillones y esa manta tejida al crochet que había hecho Tía Sara, con los restos de lanas que había en la casa en aquél entonces. Le vino a la memoria como una chispa de luz inmediata, esa lana turquesa mezclada con marrón. ¡Era suya! Él había tenido un pullover tejido igual, lo había usado casi hasta gastarlo. Todo lo que venía de las manos de Tía Sara seguía siendo una caricia para él. Tal vez esa manta era lo único que hubiera deseado llevarse, más aún desde que Tía ya no estaba. Todo lo demás ya se lo habían quitado, pero no había vuelto por las cosas materiales. Su dolor no se calmaba con eso. Ahora mejor se iba. No le preocupaba si descubrían sus huellas profundas en la nieve, era mejor que supieran que alguien de gran peso los estaba acechando mientras dormían.
No conforme con eso, dejó en el escalón de la puerta, una flor.
Mejor dicho, un tallo. Antes de marcharse arrancó el capullo blanco, que aún permanecía cerrado.

2 comentarios:

  1. Alguien nos acechará en el futuro?
    O nos están acechando ya?
    Glups...

    Besos.


    Me has hecho recordar a mi Tía preferida.
    Era un cielo de persona.
    Un corazón enorme y unos ojos llenos de caricias.

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  2. El bien y el mal, siempre andan por ahí haciendo de las suyas.
    Por suerte en tu pensamiento salió el bien de una, tu tía =)

    Besos.

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