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viernes, 23 de diciembre de 2016

El embrujo chino (Un cuento de Navidad)



En Argentina, a la vuelta de cualquier esquina, hay un supermercado chino atendido por sus propios dueños.  Donde vive Emilio, está Lin Yi: un tipo enjuto y bajito. Parece chino, pero por sus ojos saltones como bolas de billar, o tal vez esa cabeza redonda y chata como una luna aplastada, hace que Emilio piense que no lo es del todo.  Esta intriga lo lleva a creer que Lin Yi descubrió sus sospechas acerca de su nacionalidad y está convencido que  toma venganza, vendiéndole cosas que él no quiere comprar.

Sigue yendo porque Lin Yi ignora que él es un actor famoso y jamás le hace preguntas indiscretas, pero está harto de acumular en su alacena alimentos que nunca consume, porque jamás los quiso comprar.

Sin embargo están ahí estacionados por obra y gracia de Lin Yi, quien tras una sencilla metodología de no entender el castellano, le encaja todo lo que quiere: una mezcla acompasada de movimientos de cabeza, afirmaciones dictatoriales, sonrisas a granel y una fonética indescifrable, pero persuasiva; funcionan a la perfección para que él lleve todo cuanto el chino quiera.

Está a punto de llevar, ahora mismo, un paquete de bizcochos  dulces de dos kilos, cuando había ido a comprar un cuarto de grisines sin sal, para su dieta. Desconoce la maniobra de fascinación diabólica que ejerce sobre él, este hombre pequeñito, pero ya siente que está comenzando a funcionar el hechizo por el cual él llevará algo que no desea y se quedará sin los grisines, que pensaba tener para la cena.

Tal vez ese embrujo que le causa el chino, sea producto de algún trauma infantil y por eso frente a Lin Yi se convierte en un niño temeroso y obediente, que todo lleva sin chistar.

Ahora está con esas galletas cargadas de grasas trans, azúcar y jalea de membrillo, intentando explicarle al chino que quiere llevar los grisines de esa marca y no las pepas de esa misma marca; pero Lin Yi está sonriente tomando el paquete, pasándolo por la registradora y él tironeando y diciendo que no. El chino diciendo que “cualentapesho” y él mostrando el paquete y diciendo que pepas no. Que grisines, que palitos así y asá, que la puta madre no quiero pepas. Grisines. Larguitos, así. No, fideos no, que unos cositos así de esta marca, sin sal. Y ahí va el chino y vuelve rapidito con otro paquete. Que no, que sal no quiere, que palitos. Otra vez el chino corre y se pierde entre las estanterías y regresa con algo en la mano y la sonrisa, claro.

-No sahumerios, no. Bueno, ya que estoy los llevo –dice Emilio- pero no era eso. Eran unos palitos que se comen. Ñam-ñam. Comer.

¿Porqué mierda tiene que estar masticando y mostrándole los dientes así? Es la última vez. Nunca mas vengo, piensa mientras observa agotado lo que Lin yi ha ido a buscar y trae entre sus manos.

-¡Eso no! Esos son kanikamas-. 

De pronto el cansancio le cierra los ojos. Ya se conoce, está entrando en la fase del encantamiento chino. Funciona así: los kanikamas se comen y no engordan. Los kanikamas son largos. Está bien. Llevo Kanikamas en vez de grisines.

-No llevo las pepas- dice Emilio, cuando escucha “ya malqué” “compla” “oshentapesho”.

-¡Compla las pelotas! –Grita Emilio- ¡No quiero esas galletas! Engordan. Panza.

Señala su abdomen algo prominente y punto negativo para lograr el fisic du rol de la próxima película. El chino le mira la panza y luego los ojos y luego la panza y otra vez los ojos. La sonrisa del chino desaparece y su boca se abre ante la idea brillante que se le está cruzando por la cabeza. Sus ojos fuera de órbita y su boca abierta le cambian por completo su fisonomía.

-¡¡Jincai!! ¡¡Wánmei!!

¿Qué dice? Emilio no comprende. Maldito chino, trae un muñeco. No, no, no quiero llevar un Papá Noel.

-¡Chipapánoel!

-¿Qué dice?

-¡Glan-baliga-Papánoel! ¡Glanbalba! ¡Okitobuenos! ¡Espela-acá!

Emilio putea. Ha perdido su clásica compostura de actor de cine famoso. El chino  desaparece en los fondos y rápidamente viene con una bolsa de consorcio negra y su sonrisa enorme.

-Shevapepaglatis-legalo de Lin Yi! ¡Pongatlajedenoelpofavol!  ¡Vení-fondo-atlá!



Y ya están la china madre, mas enjuta y arrugada que el chino hijo y mas testaruda y convincente que la china nieta, que sólo anota precios y la china biznieta que callada mira cómo Emilio es arrastrado hasta el fondo del fondo, sin que él tenga reacción. Y ahí aparece otra china recontravieja quitándole sus ropas y calzándole el pantalón rojo de satén, que le entra perfecto. Le pone el saco rojo con vivos blancos. El gorro rojo con el pompón blanco, le va un poco flojo y le cubre toda la frente, pero se detiene la caída al llegar a la frondosa barba blanca que se ha dejado, para que el fisic du rol de la peli que está rodando, sea perfecto.
Ahí está Emilio frente al espejo. Casi no puede reconocer en ese Papá Noel, al famoso actor que sale en las revistas. Ya ni determinación tiene. Es el embrujo chino, sólo transpira y dice ¡jojojojofeliznavidad!, al tiempo que sacude con frenesí una campana metálica e imagina que eso que aporrea con instinto asesino, es el culo de Lin Yi.

-¡Vos sos un groso y el abuelo Lin Yi es un capo! -dice la chinita tataranieta, en perfecto porteño-. Cualquiera que te mira los ojitos te ve el corazón, eso es un Papá Noel como la gente. ¡Yo a vos te creo, loco! ¡Feliz Navidad!

Miró hacia atrás, ahí estaba ella con su pelo lacio, brillante y negro. Sin un gramo de grasa, esbelta, risueña. Tendría 15 años y ya tenía el carácter férreo y convincente de toda su familia. Emilio no supo qué decir y no dijo nada. Era la primera vez que daba perfecto el fisic du rol y ahí se quedó disfrazado en la vereda del supermercado del barrio, repartiendo volantes con ofertas increíbles para las fiestas.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Aves Migratorias Book Trailer



Este es el book trailer de mi primer hijo de papel, Aves Migratorias.

Agradezco a Inny Producciones, en especial a Flor por captar la idea y poder plasmarla.

Los invito a ver el vídeo.

Gracias.

martes, 6 de diciembre de 2016


Llevo días y días y días y días sin poder escribir una sola cosa coherente. Se me ha juntado mucho camino ovillado por dentro y no sé por dónde empezar. Dicen que cuando pasa eso hay que arrancar por el principio, pero ni eso puedo. Estoy en medio de un atasco personal importante, de esos en los que salís a flote o te hundís. Apuesto por la salida para arriba, contengo el aire y sigo buscando la superficie, el claro de luz allá arriba me dice que hay sol.

En medio de este mes loco que es diciembre, en un finde largo donde no queda nadie vivo en Buenos Aires, a mi se me ocurre soltar estas Aves Migratorias.
Yo sé que los pocos que aún me leen por aquí viven lejos y que tal vez es medio en vano compartir esto, pero en este espacio empecé y aquí es donde vuelvo cuando quiero escribir largo y sentido. Además este libro es una de las alegrías que tengo en mi corazón en este momento.
Me aferro a ella y sigo subiendo.

Pero...

...me encuentro a pleno enfrentando el terror del vacío y deseando con fervor que se abran las alas y que ocurra el vuelo.

Hasta otro momento.

Pato.-