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viernes, 15 de abril de 2016

De lecturas y cronopios tristes




Dejó el libro marcado con una birome, en la página 119. Lo dejó apoyado sobre la mesa de madera. Sus ojos caminaron por sobre la mesa como si recién salieran del Luna Park, “advirtiendo que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj”*. Habría que quitarle la pintura, pensó mirando con añoranza la mesa. El verde hoja seca se había vuelto del color borroneado de sus ojos. Descascarada y húmeda libraba una silenciosa batalla contra el tiempo.

Somos casi iguales - murmuró-.

La mesa era de sus padres, de cuando se casaron. Eran tiempos de buena madera, eran esas mesas que se hacían para toda la vida, con un cajoncito para los cubiertos y las servilletas de diario. Un tirador de bronce redondo, con el brillo atrapado en su interior y todos los recuerdos de una infancia con mañanas de pastas amasadas allí, sobre ella, secándose al sol. Un sol que entraba por el ventanal de la cocina que daba al patio, se apoyó sobre el jazmín del cabo medio abichado y sus pimpollos enormes, era primavera y su aroma dulce se confundía con el perfume del tuco que preparaba su madre. Ese tumulto luminoso le hizo cerrar los ojos y se tiró para atrás, se había ido tan lejos que no sabía cómo volver si era invierno y el sillón estaba tan frío.

Afuera el sol no era como aquél que entraba por la ventana de la cocina de su infancia. Allí, hecha un bollito se sintió pequeña y distante. Soy un cronopio desdichado y húmedo, pensó*. Dejó sus ojos derramados sobre el libro, perdidos en la escalera caracol que termina en un reloj, colgados de alguna  esquina, descendiendo lánguidos hoja por hoja. Resbalando quedamente hasta alcanzar la manija de bronce y dormir un tiempo vano en el cajoncito de la mesa como si fuera una servilleta empapada por sus lágrimas naturales*.

4 comentarios:

  1. De repente llegan los recuerdos y nos devoran el corazón.
    No tienen piedad.
    Buscan los corazones más sensibles y se dan un festín.

    Yo le doy un beso al tuyo.

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  2. ¡Gracias! El beso llegó, va otro para vos!

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  3. Muy lindo! Por un momento olí los aromas.

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  4. Gracias Adri, eso es bueno, eran aromas exquicitos! ¿Viste que no se van los aromas de la infancia?

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