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viernes, 8 de julio de 2016

Tribulaciones de un romance



Cuando la Pájara Pinta quedó viuda, le dio por volar de rama en rama con cierto extravío. Al cabo de un tiempo la vimos merodear el lago que quedaba en las afueras de la ciudad.


Nuestro lago.

La veíamos llegar con especial interés los días de bruma. Su vuelo se perdía en el aire espeso, ella se agazapaba sobre el vapor del lago y nos dejaba con la boca abierta, los ojos expectantes y el corazón detenido. Todas verdes y lisas, brillábamos en la niebla al verla tan decidida.
Resulta que había un Pez que le gustaba. ¡Habrase visto, una pájara gustar de un pez!
Ella sobrevolaba el lago, mirando para abajo, moviendo sus alas con elegancia y él nadaba debajo de ese vuelo certero, formando una danza circular.
Así se inició el romance de la Pájara y el Pez.
Todos los que vivíamos por ahí éramos espectadores de aquella equivocación.
Nos relamíamos gastando las horas y anticipando el fracaso. Así de agoreras y tremebundas eran nuestras cavilaciones frente a aquél amor.
Nadie daba dos mangos, las más lengua largas hablaron de muerte y especularon sobre quién iba a morir primero; cualquiera de los dos que quisiera vivir en el mundo del otro iba a morir.
Para unos la Pájara iba a enterrar al Pez, porque ya tenía experiencia en funerales, para otros el Pez se la llevaría al fondo del lago y la encerraría en un círculo de baba.

Las ranas somos melodramáticas y empezábamos desde temprano con nuestro canto coral anunciando el luto.

Una mañana, estábamos todas amontonadas esperando la tragedia y lo que vimos fue que la Pájara se acercó tan despacito como se lo permitió su vuelo. Fue acariciando el agua, casi sin mover el aire, sin darle un respiro a sus alas y solo su pico se hundió levemente. Por debajo estaba el Pez ávido de tanta espera, agotado de flotar en el mismo sitio, pero con el corazón dándole saltos. Estiró su boca y ahí nomás se dieron un beso.

Nosotras más verdes que nunca y con los ojos como de vidrio, nos quedamos escondidas entre las totoras, presas del descubrimiento.
La Pájara y el Pez habían encontrado el modo: su amor seria de besos.

Y lo nuestro sería croar el resto del día con croares pálidos, croares tibios, croares lánguidos, nada más que croar.

"Si pudieras olvidar tu mente frente a mí
sé que tu corazón diría que sí."
-Semirane-

13 comentarios:

  1. Moraleja: siempre se encuentra el modo si hay fe en el amor.

    Precioso, Patricia. Una historia para grandes y pequeños disfrutable desde principio a fin.

    Un placer de lectura.

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  2. Moraleja: siempre se encuentra el modo si hay fe en el amor.

    Precioso, Patricia. Una historia para grandes y pequeños disfrutable desde principio a fin.

    Un placer de lectura.

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  3. Amores distantes.Su constancia no teme la separación porque ya la tienen. Su valor es el sentimiento que los anima a no desistir nunca.
    Precioso. Besos.

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  4. Amores distantes.Su constancia no teme la separación porque ya la tienen. Su valor es el sentimiento que los anima a no desistir nunca.
    Precioso. Besos.

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  5. Verdísimas de envidia.
    Que croen su rencor.

    Besos.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Uf perdona el follón de nombres y comentarios anterior.Sería largo de explicar pero sintetizando de algún modo diré que ese nombre de usuario no es mío sino de una amiga con la que tengo un blog y hubo un cruce porque no me aclaro con Google, lo cual es evidente ;) Precioso relato, que es lo que importa!Besos***

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  8. ¡¡¡Jajajjajaja!!!

    Me hiciste reír a carcajadas, eras vos???? =D

    Un abrazo grande <3

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  9. No desesperaron y llegaron al amor. Sí señor. Muy bonito Patricia.

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