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jueves, 5 de mayo de 2016

El columpio (fragmento)



Un día de otoño, igual a éste, ya ni recuerda de qué año, su hija se detuvo en el medio del patio y se quedó allí parada un buen rato. Su papá que andaba podando unas plantas la miró impresionado. Lila parecía estar suspendida sobre el pasto, como si flotara. Al costado crecía solemne un nogal añoso. El viento de media mañana agitaba las hojas secas y una lluvia ocre se desprendía sobre ella. Sergio pensó en tomar una fotografía, pero se quedó mirándola sin pestañear, Lila estaba de espaldas y parecía hablar sola. El momento puede que no haya durado tanto, pero al recordarlo se ilumina y se evapora, entonces se esfuerza por atraparlo en el aire. Lo estira reteniendo con su mente cada instante de la foto que al final no sacó. De tanto en tanto, al mirar la hamaca que se mueve sola abajo del nogal, recuerda cómo fue que Lila le pidió un columpio.

-¿Un qué?-

-Quiero columpiarme.

-¿Vos decís una hamaca?

-No, un columpio. Así de grande, que cuelgue de una rama bien alta y que yo pueda tocar el cielo. El otro cielo, uno que queda más alto que este, al que yo pueda llegar haciendo magia.

-¡Sos cómica vos! ¿De dónde sacaste lo del columpio?

-De una amiga mía, que dice así.

-Es hamaca. En Argentina le decimos… ¿De dónde es tu amiga?

-Vos no la conocés.

-¡Ah, bueno, si usted lo dice será así!

Sergio se dio vuelta riendo, le causó gracia la palabra columpio, de dónde la habrá sacado, pensó. Se fue para el cuartito del fondo donde guardaba cosas viejas a ver qué podía reutilizar para hacerle una hamaca a Lila. Encontró una silla thonet que había traído de la casa de su abuela, la miró por todos lados a ver si estaba en buen estado. ¡Estaba muy bien! Buscó pintura, encontró el resto de un azul turquesa y un buen pincel. Y se puso manos a la obra. La pintó, le cortó las patas y la puso al sol. A la tarde ya estaba seca la silla y con la ayuda del taladro, una cuerda resistente y unas arandelas y pernos, preparó la hamaca.

-¡Lila, vení a ver! ¡Hay columpio!

Lila llegó corriendo con las manos sucias de tiza y se quedó maravillada mirando lo que había preparado su papá. 
-¡Qué linda!

-La voy a poner allá, abajo del techito del quincho…

-No, ponela acá.

-¿Dónde?-preguntó Sergio con la hamaca en las manos

-Debajo de este árbol –Lila señaló el nogal.

-Pero allá hay techito, si llueve no se moja…

-Yo quiero acá. Acá el cielo está mas cerca, mirá –Lila señaló en lo alto, el cielo estaba cubierto de nubes.

-¿Ves?- dijo Sergio –Si llueve te mojás.

-Las nubes son escaleras papá, vos no entendés nada. Ponelo acá, ¡dale!

Y así fue como Sergio puso la hamaca debajo del nogal. En días así, cuando el patio está en silencio y las hojas caen abatidas cubriéndolo todo, él se detiene y observa callado. Si tan sólo pudiera volver a verla una vez mas. No se atreve a decirle ni una palabra de esto a Ana, pero le parece ver cierto movimiento en la hamaca, como si se meciera voluntariamente, sin que el viento intervenga. Cree internamente que si dice una sola palabra el vaivén cesará y ese pequeño aguijoneo de vida que a veces lo sorprende, se le escapará de las manos. Entonces, se refriega los ojos, se quita esa humedad que le viene inesperada en cualquier momento que está solo y sigue con las cosas del jardín. Por suerte hoy nada mas tiene que barrer las hojas.

6 comentarios:

  1. Me gusta esta vibra entre lo real y lo fantástico, ya que para mí no existe una sola realidad.
    Poético y dulce, a pesar de la anécdota que si bien no está explícita, queda muy a gusto del consumidor.
    Abrazo fuerte, Patito.

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    1. A mi también me gusta ir de lo real a lo fantástico. Me sale naturalmente, sin que me lo proponga vengo proyectando algo real y de pronto me encuentro transitando otra zona, ahí es donde comienzo a sentir placer escribiendo. No está explícita la anécdota, porque pertenece a un proyecto mayor, una nouvelle ponele. No sé si llegará a novela, de momento no aspiro tanto, pero terminé de escribir este fragmento y sentí ganas de publicarlo. Y ahí fue =) abrazos!

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  2. Jo... que maravilla!!!
    Se fue... ella sabía y su papá no.
    Ahora ya sabe el papá.
    Lo has bordado.
    Genial.

    Besos.

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    1. Si, ella lo presentía y era su forma de avisarle.

      Gracias, besos!

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  3. Muy bello y tierno, sentí lo mismo que Toro, me gustó mucho, Pato.
    Besos.

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    1. Gracias Mirella, una alegría verte por aquí, besos!

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