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jueves, 12 de enero de 2017

Puerta, al fin.

¿Por qué hiciste que creyera que tu costa no tenía fin?
 
Ahora camino por estas veredas vacías
del burbujeo aquél
que encendía tu mar
de ojitos claros 
inventados 
a la vera del camino
 

para que funcionen como cable a tierra
para que abran los cielos tormentosos
para que pongan fin a los poemas de ventanas agitadas.

No se qué me hizo pensar que tu costa
no se terminaba
(como todo)
en una puerta amurada.

1 comentario:

  1. A veces es uno el que se cree algunas cosas, Patito. No es el otro el que nos las hace creer.
    Es breve tu poema, pero condensa toda la tristeza.
    Abrazos.

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