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lunes, 9 de mayo de 2016

Bodegón




La primera vez que robé, me pescaron.
 
Todavía recuerdo los ojos de mi víctima. Eran negros y redondos como cascarudos, de un tamaño demencial para aquel rostro. Al principio parecía una cara normal, pero cuando me vio, sus ojos comenzaron a crecer casi hasta escapar de sus órbitas y me miraron con toda la intención de venir a cortar mi mano.
El Sr. Ojos, mi víctima, no dijo nada, sólo me sostuvo la mirada un largo rato, como cinco horas o algo así. O tal vez fueron dos años y no recuerdo bien.
El tiempo se detuvo en aquel momento.
Yo no me declaré culpable de inmediato, tampoco me di por aludida. Me senté sobre el objeto robado y mi mano. Mi padre siguió con la compra del mercado y una vez que terminó me quiso bajar del cajón de manzanas verdes.
Grand Smith, se llaman hoy.
Yo no las conocía. Cuando las vi, me parecieron de mentira. Nunca había visto manzanas de ese color verde brillante como si estuvieran recién barnizadas.
 
Para mí las manzanas eran todas rojas.
Y me quise quedar con una. Incluso ya la había mordido y no me había gustado, pero me la quería quedar igual, de recuerdo.
 
Al terminar la compra mi papá intentó en vano sacarme de allí. Yo estaba agarrada al cajón de manzanas como una garrapata. La víctima se fue acercando con los ojos desmesurados.
-¿Me das la mano?- dijo el Sr. Ojos.

Que no, le dije con la cabeza gacha.

-Dale- y se me acercó mas.
-La otra-me dijo, cada vez mas cerca.
Tardé un ratito y le di la otra, me estaba hipnotizando.
-Ahora se me baja despacito de ahí arriba- me dijo.
Eso rompió la hipnosis y me negué bajando la cabeza.
-¿Se va a quedar a vivir arriba del cajón?- me preguntó el Sr. Ojos, todo ojos.
-Si… -le dije con la cabeza mas baja todavía.
-¿A cuánto se puede vender una nena enojada y con trompa de elefante?- le preguntó a mi papá
Mi papá hizo un cálculo estimativo y el señor le dijo que era muy, muy caro. Ahí entraron a regatear el precio.

¡Mi papá parecía dispuesto a venderme!
-¿Y una nena bonita con una manzana mordida cuánto puede salir?- preguntó con saña el malvado.
Mi padre redobló el precio.

Mi corazón no daba más. Mi destino se estaba por decidir de un momento a otro. Encima Ojos ahora me veía bonita. Me iba a vender en el mercado como una fruta exótica traída de algún país de oriente. Se iba a hacer más rico conmigo que con las manzanas verdes. Me iba a comprar alguna señora o tal vez me quisieran comprar dos o tres o todas las señoras del barrio y me iban a tener que partir en mitades. Me iban a llevar a sus casas y me iban a cortar en pedacitos y mezclar con azúcar y me iban a hacer dulce de fruto extraño de país remoto para regalarles a sus vecinas y familiares.
En ese momento en el que me vi metida adentro de un frasco, con los ojos más grandes que los del Sr. Ojos, me bajé del cajón de manzanas y salí corriendo, olvidando la manzana mordida.
Zafé de la cárcel por poco.
La primera vez que robé, tenía cuatro años y allí terminó mi carrera delictiva.


*La pintura pertenece a James Andrew Smith, pintor de naturalezas muertas o bodegones.

4 comentarios:

  1. Son densos los recuerdos que aún hieren. Tanto o más que los que nos confortan. Estos últimos a veces nos hacen romper silencios. Como ahora.

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  2. ¡¡¡¡¡Ybris!!!!

    Gracias por saludarme, ojalá vieras mi sonrisa =) besos!!

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  3. Ay Dios.... que entrañable...
    Has convertido ese recuerdo en un relato precioso.

    Yo te hubiera comprado.

    :P

    Besos.

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    Respuestas
    1. Era un recuerdo de infancia del otro blog, que se volvió relato =)

      Gracias por leer, besos!

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