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jueves, 24 de marzo de 2016

El otro cielo


Hace unos años cuando me dí cuenta que había perdido el rumbo, me asusté. Empecé a llenarme de reproches, culparme por haber hecho mal muchas cosas… Lo que hacemos todos cuando nos hundimos y perdemos un tiempo divino buceando en el fondo del mar. 
En otras palabras: depresión.


¿Suena feo? Si, es horrible, pero se sale. Quien haya vivido esta enfermedad sabe que es así. También sabés que de por vida tenés que andar caminando con cuidado de no volver a caerte en ese pozo.


Por suerte aprendí. Terapia y apoyo familiar mediante, que no estaba perdida, que nada mas tenía que reorientarme. Había cumplido todos los compromisos asumidos en mi juventud y todavía era joven, de modo que tenía la posibilidad de iniciar proyectos que había postergado por falta de tiempo. Había perdido el protagonismo familiar que tanto me había enamorado, eso me tuvo tristisísisisima. ¿Mujeres y madres de mediana edad, eso les suena? Seguro que sí. Entonces me di cuenta que, terapia y rompedero de cocos mediante, podía ser más independiente y profundizar en aquellos deseos de juventud que siempre me inclinaron hacia el mundo literario.

Ahí mismo, en ese momento que dejé de mirar para abajo y a los costados en busca de ayuda, fue que miré hacia arriba y vi que había otro cielo.

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